Sibrián (II), rock, fútbol y política

Sibrián (II), rock, fútbol y política

Nuestro vicario del rock en El Salvador se encuentra todavía dolido por la separación de su banda Thorns, pero éste no es el fin, sino el comienzo de la promesa de algo muchísimo más grande, magnífico y hermoso para él y para todos sus discipulos. Sólo la guitarra, ese sacrosanto símbolo de rebeldía y unión rockera, podrá salvarlo.

Es verdad, Vicente Sibrián no la pasó tan bien en esos días de 1972, cuando su banda se separó por motivos que, si bien es cierto explica, desconoce a profundidad.  Luego de un par de días, le dijo a su hermana, Gemma Sibrián, que si no se aventaba a hacer una banda de rock para poder vivir de ello, a lo que nuestra Primera Dama del rock dijo que sí. (Y sí, Gemma Sibrián fue la primera mujer en agarrar una guitarra y ser parte de un grupo de rock, un hecho sin precedentes en ésa época).

Luego de este gran fichaje, al grupo se uniría Enrique Guitiérrez, un primo de los ex integrantes de Throns y un par más, para luego, en el año 1974, cambiar oficialmente de nombre a Broncco. Al respecto, Chentie recordaría que “fue un nombre que yo busqué por que el otro no era comercial. Busqué su significado en el diccionario: Bronco, caballo indómito“.

Un poco de contexto histórico para comprender a Broncco

La década de los 70’s ya pintaba complicada para todo El Salvador y para Broncco: la izquierda salvadoreña comenzaba a configurarse como tal, surgiendo grupos guerrilleros como las Fuerzas Populares de la Liberación (FPL), una entidad fraccionada del Partido Comunista Salvadoreño. Surgieron también agrupaciones como Resistencia Nacional (Que sería un buen nombre para una banda experimental de Reggae y Punk) y el Ejercito Revolucionario del Pueblo.

Los gobiernos militares tenían totalmente controlado al paisito, de tal forma que era difícil quitarles el cetro del poder estatal (O sea, era una dictadura pura y dura, pues). Se erigieron líderes partidarios en contra de ellos, como Guillermo Manuel Ungo, dirigente del Movimiento Nacional Revolucionario y José Napoleón Duarte, líder del Partido Demócrata Cristiano.

En la década en cuestión, los milicos llevaron al poder a Fidel Sánchez Hernández (1967 – 1972), quien fue el responsable de las tropas salvadoreñas durante la Guerra de las 100 horas contra Honduras, (la mal llamada Guerra del Fútbol, por la irresponsabilidad del periodista Ryszard Kapuscinski) éste fue sucedido por Arturo Armando Molina (1972 – 197), y luego por Carlos Humberto Romero (1977 – 1979), dado de baja por un Golpe de Estado.

Veamos, pues, que fue un tiempo bastante convulso en donde la guerrilla y el Gobierno militar se enfrentaban bajo el contexto de la Guerra Fría (1946 – 1989 aproximadamente) donde se buscaba la emancipación de los trabajadores oprimidos por los gobiernos militares, que de hecho serviría de inspiración para Chente Sibrián y Broncco al escribir las letras de su único álbum de estudio Broncco (1993), pero ésto lo abordaremos más adelante.

Los años de aprendizaje de Broncco

Luego de contextualizar la situación de El Salvador en los 70’s, volvamos a nuestro rockero de cabecera. Chente cuenta que desde 1974 hasta 1980 fue una época de aprendizaje para ellos. Conocieron, quizá sin saberlo y sin planearlo, todos los conflictos y los problemas a los que se enfrentaban los estratos sociales de El Salvador. Chente comenta que “nos gustaba ir a tocar a los centros de readaptación de menores, les tocábamos a los bichos del centro El Espino, en Ahuachapan. Íbamos a centros de rehabilitación, tocábamos en iglesia, donde podíamos. Fueron como seis años de trabajo continuo en el que consolidamos nuestro aprendizaje musical que siempre fue autodidacta”.

En esta época grabaron su primer tema original: I can see my face on the coin, una especie de Jazz Rock con cierta influencia del grupo Deep Purple. Esta rola, junto a dos cóvers, fueron grabados en los estudios Pícaro, propiedad de Willie Maldonado. Con estas grabaciones fueron a tocar a diferentes sitios como Santa Ana y San Jacinto, además de tocar en iglesias, para fiestas privadas, etc.

Al final de la década, Sibrián rememora que “se sentía la presión. No te dejaba libertad. Hubo un día en que estábamos tocando en el centro de rehabilitación y en el Centro de San Salvador se estaban matando. Habían balas, muertos. Nosotros seguíamos tocando, como tratando de ignorar todo eso. Se fueron apagando esos focos: no había adonde tocar, ni adonde presentarte”. Fue duro, pero don Vicente siguió trabajando a pesar de las adversidades.

Los ochentas: el inicio de la gerra civil y el salto a la fama

Este decenio comenzaba agitadísimo: asesinaron a Monseñor Romero (ya sabemos quiénes fueron), en 1981 se inicia la Ofensiva Final, orquestado por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, el grupo guerrillero que contemplaba a las agrupaciones contrainsurgentes creadas durante los setentas), luego el Gobierno respondió con la Masacre de El Mozote (nunca más) y (antes) la masacre del Sumpul. (1980).

Luego, el tiempo transcurrió dejando varios pasajes para la historia salvadoreña que, a día de hoy, son cuestiones culturales imprescindibles para cualquier salvadoreña: el gane de El Salvador sobre México, la aparición de Jorge “El Mágico” González, la televisión a color, el auge del Teleférico San Jacinto, los grupos tropicales, las cruzadas guerrilleras contra los militares, la muerte de Domingo Monterrosa, El 10-1 en un mundial de fútbol, Variedades del 6, etcétera. Entre todo ésto, Broncco siguió trabajando y andando y Chente siguió aprendiendo.

Mientras tanto, en 1981, los integrantes de Broncco conocen a Rolando Menéndez (quien años después protagonizaría El Cipitío, en Canal 10), el escritor inicial de una de las primeras grabaciones de la década para Broncco: No somos diferentes.

Aunque éste no fue su nombre inicial, esta canción tiene una historia interesante: Rolando Menéndez se les acercó a ellos por medio de una amiga. Él había escrito la letra por la conmemoración del año internacional de inválido y neceistaba que un grupo la grabara. Esta pieza se llamaba La balada del inválido. A Chente le pareció un título depresivo y cuenta que con su padre le dieron vuelta a la letra y de ahí surgió el nombre principal. (Mega paréntesis: esta canción tiene un par de fondos más profundos: a la postre, Rolando Meléndez se convertiría en El Cipitío, el hijo del pueblo -medio acosador- con quien todos nos criamos viéndolo en Canal 10. El punto es que esta canción salió en un epidosio de la serie “Las aventuras del Cipitío”,  filmada durante los años 90. Este episodio llamado de la misma forma que la canción, nos cuenta la historia de un niño que fue atropellado y quedó inválido. El tema es que Chente Sibrián hace una conmovedora aparición en el episodio en donde él le canta esta canción a Tony, el protagonista.

Ahora, desviándome de nuevo, cuando sale la canción en el episodio, en realidad sale el vídeo clip filmado quizá en 1981, y editado posteriormente. Una escena curiosa, para mí, es cuando salen unos muchachos amputados jugando fútbol. Averigué un poco al respecto y aquí viene otra mega historia.

El Salvador es una potencia mundial en fútbol para amputados. No sé si sabían, pero estos muchachos (ignoro si serán mismos del vídeo, a decir verdad) fueron campeones mundiales durante tres años seguidos (1987-1988, 1989) en donde, se dice, le ganó la copa del mundo a rivales como Brasil, Inglaterra y a otro país europeo. También perdieron dos finales en la década de los noventa.

La mayoría de personas que integraron ese plantel ganador fueron guerrilleros o militares que quedaron lisiados de por vida por la misma guerra civil (1980 – 1992) en la que se vieron envueltos. Lastimosamente ellos no han gozado del apoyo mediático que se merecen, por lo cual se les hace difícil poder pagar los boletos de avión y la estancia en los países donde compiten. También supe que han ganado copas centroamericanas y que han jugado varias veces la Copa América de fútbol de amputados. Todos unos genios a los que he querido rendirles homenaje con este pequeño espacio. Chente Sibrián seguramente estuvo orgulloso de ellos en su máximo apogeo futbolístico. Fin del mega paréntesis).

Ellos grabaron esta canción, un archivo que, en mi opinión, vale oro. Ahí vemos a Chente Sibrián tocando el bajo, mientras Gemma Sibrián se lucía con la guitarra. Se dice que esta canción fue un pegó en las radios más importantes del país, llegando a codearse con la música extanjera que se escuchaba en la época.

Bueno, los años pasaron y la fama de Broncco crecía como la espuma: conciertos por aquí, toques por allá. Tocaban desde el bar más fancy en la Zona Rosa hasta el pueblo más recóndito de El Salvador. Nada los detenía y no conocían de distinciones de bando, pero sí que sus letras reflejaban cierto hartazgo de la situación tensa e injusta que se vivía (vive) en El Salvador.

El primer hit de la banda fue Estamos aquí. Una canción que “tenía doble filo, porque tenía tanto mensajes para la derecha como para la izquierda”. Ansias de libertad e igualdas reflejadas por el subconsciente de los integrantes. Luego, por ahí por 1985, se crearon temas como Guerra Nuclear, Cielo sobre cielo, El vendedor de sueños y quizá su canción más conocida: Ya no estás.

Años noventa y la palabra hecha disco

Ya en la década de los 90, Broncco era conocido a escala nacional y centroamericana. Ellos ya contaban con el apoyo de Rockers Club, más o menos desde el año 85. Ya todo estaba consolidado para B’Rock, y fue entonces cuando comenzaron a forjar la leyenda.

El Salvador ya firmaba la paz para el 92 y todo parecía hermosamente prometedor para esta tierra. Una comitiva del Gobierno de El Salvador (ARENA) y otra del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional se fueron de caravana a Chapultepec (no a la cervecería), México, a firmar los Acuerdos de Paz el 16 de enero del mismo año.

Por esos días Broncco salió de gira un par de veces a Guatemala a tocar con otros monstruos del rock centroamericano como Alux Nahual y también se fueron a Honduras. Todo parecía ir bien, sin embargo, se llevaron un gran susto: don Chente sufrió un ataque cardíaco a principios de la década, y ésto fue mermando poco a poco su capacidad motriz para poder ofrecer shows en vivo. A pesar de su situación, logró recuperarse y grabar su primer disco: Broncco, pero con la condición de cambiarse de nombre, debido a que Bronco (con una “C”) ya era propiedad del grupo mexicano de música regional, y el nuevo nombre quedó como B’Rock.

Ya en 1993 grabaron el disco mencionado con anterioridad en la Ciudad de Guatemala, en el estudio Primera Generación, el mismo donde el grupo Adrenalina grabó el que muchos consideran el mejor álbum en la historia de El Salvador: Ni un pelo de inocente. Mientras salía el disco, B’Rock tocó en un par de conciertos memorables para Chente: en 1992 frente a la guerrilla en Guazapa y en la UCA junto a Bohemia Suburbana.

El tiempo no pasa en vano, y tres décadas de carrera son mucho para cualquier músico, sin importar si se profecionalizó desde un principio o no. Nacieron nuevos grupos y la escena cambió. Y no, no digo que B’Rock haya perdido su calidad musical; es más, mejoró con el tiempo, pero el cuerpo mortal de esta alma rockera no era el mismo que en los 70’s. Sus capacidades motoras para tocar el bajo se vieron mermadas. B’Rock dejó los escenarios en 1996, siendo su último concierto en la extinta (pero venerada) Luna Casa y Arte.

La vida de Sibrián, como la de casi todos los salvadoreños de su época, ha estado marcada por absolutamente todo lo descrito en esta historia: guerra, represión, ansias de libertad, fútbol y las ganas de sobresalir a pesar de una fatídica condición física que sólo sirvió para potenciar al genio en silla de ruedas. Es la persona más tenaz dentro del rock salvadoreño, es quien le dio vida y expresión a muchos jóvenes que cantaron Tiempo de amanecer como si fuera Wind of Change de El Salvador. Es verdad que le cantó tanto a la derecha como a la izquierda en shows privados, pero siempre buscó la igualdad para este país a partir de las letras de sus canciones.

B’Rock nos dejó un legado inborrable por medio de la trayectoria de sus integrantes: una estrella de rock en silla de ruedas, la primera mujer rockera con guitarra en mano, la creación de la escena metalera en El Salvador, el cuarto álbum más importante de la historia de la música sivareña, según El Faro, y así, Chente sigue siendo esa leyenda ese dios indómito que está en lo más alto del Olimpo salvadoreño del rock, donde no hace falta que nadie lo presente, pero sí debe predicarse su vida y obra. En este blog tratamos de rendirle homenaje a quien simplemente ha sido el mejor de todos, al que nos bendice y bendice a las bandas nóveles, y ha dado vida a la escena metalera. Sus canciones pidiendo siempre libertad, paz y amor para una generación trastocada por la guerra. El que nos guió por el camino de las cuerdas. Por los siglos de los siglos estaremos agradecidos con vos, gran Vicente Sibrián, amén.

 

 

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